Con la mutación como estandarte: Bunbury en el Luna Park

Con la celebración de sus treinta años de carrera musical como excusa, el español volvió a Buenos Aires para presentarse en el coliseo porteño....

Como si se tratara de magia, escapando a la generalidad de los últimos días, la lluvia cedió y el cielo abierto recibió nuevamente en otoño al español Enrique Bunbury, quien con pergaminos más que suficientes y la legión de fanáticos que arrastra de pasadas épocas de Héroes del Silencio brindo un show apabullante para un Luna Park totalmente colmado.

Los dragones y las melodías incidentales que acercaban a los asistentes al Mutaciones Tour se dejaban ver en el escenario y esplendorosamente se encendieron simultáneamente con la salida del cantautor que ya lleva incontables presentaciones en la Argentina. En compañía de su agrupación, Los Santos Inocentes, dio inicio a una velada magnifica con un clásico indestructible de aquella banda que conmovió a la escena española de los noventa, “Iberia Sumergida”.

La trilogía inicial se completó con “El club de los imposibles” y “Destrucción masiva”. La propuesta  era similar, la obra se referencia en sí misma y se reproduce, las canciones ya de sobra han sido escuchadas, ejecutadas y vueltas a presentar, pero no importa, porque el tour de eso se trata, de mostrar como el ícono rock oriundo de Zaragoza ha mutado y por sobre todo, ha evolucionado con el paso de los años.

Treinta años de historias, carreteras y canciones se sintetizaron en las brillantes “Dos clavos a mis alas”, “La Sirena varada” y “Porque las cosas cambian”. Otro momento saliente, fue “El camino del exceso” de EDS, a la cual seguiría la enloquecedora “Avalancha”. Intensidad, buen gusto y un sonido demoledor parecía ser la fórmula que Bunbury había ideado para enmudecer por momentos al palacio de deportes porteño.

Ya con la temperatura por los cielos, sin su saco bordado y de elegante chaleco oscuro, el español  envalentonó a los miles de seguidores sedientos de rock con “El camino del exceso”. Más tarde, un clásico devolvió la calma, sonó “Que tengas suertecita”, para después rematar el magno momento con “Alicia (expulsada al país de las maravillas)”,  “El extranjero” con un inconmensurable movimiento de masas desde el campo y “Me siento en casa en América”.

En clave romántica, aunque sin perder el estilo, Enrique entregó a sus fans una exquisita versión de “Infinito”, a la que siguió “El hombre delgado que no flaqueará jamás” y una ensordecedora “Despierta”. Cuando el setlist parecía fenecer, los acordes regresaron y la magia se hizo presente con “Mar adentro” y “Maldito duende”.

El final, esperado y previsible, pero siempre cargado de emotividad tuvo lugar con “Lady Blue”. Empezar abril con esta fuerza no es frecuente, la masa exhausta así lo atestiguaba. Los sombreros volando al viento, los tatuajes y las camisetas de Héroes se dejaban ver y pedían más. Y claro, el anfitrión de la noche no viajó miles de kilómetros para dejar insatisfecho a su público.

El encoré relució enormes composiciones, icónicas y clásicas de uno de los referentes del género en hablahispana. Sonaron  “Más alto que nosotros sólo el cielo”, “El rescate” y “La chispa adecuada”, esta última con las luces del mítico Luna Park encendidas por expreso pedido del cantante. Pero… si, había más.

Los habitantes”, “De todo el mundo” y “…Y al final” cerraron con honores una noche en que Enrique Bunbury demostró que sigue dando la talla de rockstar, y acompañado por una impecable legión de músicos dignos de experticia para subirse a las tablas del coliseo porteño, dejó a su público aguardando por la próxima visita, porque como dicen, Enrique lo volvió a hacer… y nadie duda que lo hará de nuevo. Solo falta que él decida dónde y cuándo.

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