Fernando Samalea. Entre el tango, lo irreal y Charly García.

El multiinstrumentista Fernando Samalea, compañero de grandes y gestor de enormes proyectos, nos contó como se inició en el mundo de la música, sus próximos planes y como es...

A pocos días de iniciar junto a Charly García una serie de conciertos temáticos en el mítico Teatro Gran Rex e inmerso en innumerables proyectos, Fernando Samalea se hizo un tiempo para responder nuestras preguntas dejándonos entrar en su mundo, y contándonos sobre sus próximos planes.


Fernando, te hemos leído antes y siempre decís que tus padres fueron cultores de tus sueños. ¿Cómo fue tu acercamiento a la música y de qué forma ellos apoyaron aquel proyecto de músico que hoy es una realidad consolidada?
Mis viejos se dieron cuenta de que lo mío venía en serio cuando, a los cinco o seis años, me la pasaba percutiendo ritmos con tenedores o lápices sobre cuanta superficie se presente. Se pusieron de mi lado y me facilitaron mucho el camino, aún en tiempos en los cuales, para el común de la sociedad, el rock y la delincuencia iban bien cerquita. Ellos trabajaban de visitadores médicos y hacían el recorrido juntos por consultorios suburbanos. A veces los acompañaba. Me enseñaron eso de la palabra, de cumplir lo que uno dice que hará. Y a compartir juguetes o revistas con los más necesitados, a llevar ropa a patronatos de menores y demás. Con mucho esfuerzo, me compraron mi primer batería. Tuvieron una relación linda que, a la distancia, siento de gran compañerismo. Agradezco haber crecido sin objetos volando, gritos o conflictos graves alrededor. Yo dibujaba sin parar, tenía blocks y marcadores de colores que siempre llevaba conmigo. Hacía caricaturas de todo el mundo, que habitualmente le regalaba a cada persona retratada. Además, armaba historietas y guiones que luego dibujaba en formato de peliculitas en el Cine Graf. Así armé el imaginario para ir acercándome al mundo musical.


Uno trata de saber en qué estás y frecuentemente vemos que formas parte de proyectos variados, muchas veces ejecutando distintos instrumentos… ¿Cómo es la experiencia del multinstrumentista? ¿Los proyectos se encaran de la misma manera que teniendo un lugar definido en una banda?

Se da un rol distinto en cada uno, lógicamente. Eso lo hace más entre aventura y desafío, y potencia la chispita y el entusiasmo. En algunos casos tu puesto puede ser indispensable, por ejemplo siendo baterista en un grupo de rock. Y en otros, más prescindible, como es mi caso en la actual banda de Charly: marco trazos de bandoneón, pinceladas de vibráfono y algunos sonidos electrónicos por aquí o allá, que enriquecen la cuestión pero que, ante su hipotética ausencia, tampoco se caeria el mundo… pueden estar o no, digamos. En mi proyecto personal se da al revés: el bandoneón es 100 % protagónico y puedo prescindir de la batería. También me gusta mucho sumarme a una banda como percusionista: colorear con el glockenspiel, bongó, darbouka y un triangulito o shaker por allá…

Te definiste en repetidas veces como un buscador, un explorador, tanto en la música como en la lectura. ¿Cuáles fueron tus intereses ni bien ingresaste al mundo de la música y el arte? ¿Han cambiado con el tiempo esos intereses o se acentuaron?
En la niñez incorporé una ensalada de sueños entre discos y libros. Primero, las fantasías de Julio Verne y Salgari -bien vigorizantes- y, más de adolescente, me metí de lleno con Herman Hesse, el budismo zen, Gurdjieff y Ouspensky, los poetas beatniks, Rimbaud o el espiritismo, de la mano de Allan Kardec. A eso sumale mi pasión por el rock sinfónico (Yes, Génesis, King Crimson, Gong, Mike Oldfield, Pink Floyd), el jazz hollywoodense tipo Benny Goodman o Harry Hames, el más moderno en plan Pat Metheny, Weather Report, Return to forever o Mahavishnu Orchestra, las canciones de Charly y Spinetta y el magnetismo bandoneonístico que sentí siempre por Piazzolla, Mederos y Saluzzi, amén de que el cine puso lo suyo. Diría que el paso de los años acrecentó los deseos de ir descubriendo cosas nuevas, pero conservando en el corazón esas pasiones juveniles. Y disfrutándolas hoy como si fuese ayer.


Siempre dijiste, y coincidimos, que viajar te enriquece en lo personal y lo cultural… ¿Qué viajes y por qué te dejaron marcado musicalmente?

Haber llegado hasta Marruecos, a la Plaza de Jema El Fna de Marrakesch o al Petit Zoco de Tánger, donde conocí a los músicos de la Maison Gnawa, fue crucial. Se abrió una puertita de hipnosis y mística y encontré el punto iniciático para soñar mis discos personales. A la vez, me impacto muchísimo la estética sonora de New York, cuando fui por primera vez en los ochentas: ver sus clubes desde dentro y empaparme de la atmósfera callejera fue un auténtico subidón. Y también pienso en Paris, en todos los conceptos artísticos que ha enmarcado durante décadas y en lo que esa palabra significa para mi.

Te declaraste admirador de grandes bandas internacionales de los 70. Ahora bien, el aluvión de visitas internacionales, ¿Cómo lo ves? ¿Sentís al igual que otros músicos que eso repercute negativamente en la escena local?
Para nada, me parece genial que se anuncien tantos conciertos. Bienvenida toda linda experiencia musical. Siempre hemos aprendido de los artistas de otros países y, más allá de una mayor o menor calidad en cada visita, está bueno que exista libertad para que el público elija. Eso si, los organizadores podrían abaratarle un poco los precios de las entradas a la gente.

Relacionado con la pregunta anterior, ¿Cómo ves al rock nacional hoy en día? ¿Crees que algo debería cambiar en las bandas, las productoras, el público?
No soy quién para opinar, mi momento de ¨vanguardia¨ -si es que lo hubo- sucedió hace mucho tiempo y son los jóvenes quienes deben adueñarse de la época y dictar tendencias. Siempre van a tener mi apoyo en eso y soy de aceptar lo que va viniendo. Pero es indudable que ahora hay demasiados grupos y no hay lugar para todos, además de que el sistema empresarial ganó olímpicamente y la cuestión de hacer música, en general, ya no pasa por la rebeldía. Habrá que esperar. Sería saludable que en el futuro venga una generación que rompa moldes y mire hacia adelante, que no valore tanto los ¨regresos¨ y si los ¨nuevos surgimientos¨, que invente otros códigos, sonidos novedosos y modas. No lo digo a modo de queja, es simplemente un deseo. Ojalá suceda.

Si de Rock Argentino hablamos, fuiste partícipe de increíbles éxitos, sesiones, bandas, pero… ¿Qué significa Charly García para vos? Tuviste tu etapa como público de Charly también. ¿Qué pensabas en aquel momento?
Quedé cautivado a los trece años, cuando asistí a un concierto de La Máquina de Hacer Pájaros en el Luna Park. Fue cuando presentaron ¨Películas¨. Su mundo musical se me hizo anhelo y lo fui potenciando al escuchar a Serú Girán en los años siguientes. La verdad es que yo, más que ser miembro de una banda de éxito, quería tocar con él en su veta solista: descubrí al selecto núcleo aristocrático que conformó en los primeros ochentas junto a Calamaro, Cachorro, Bazterrica, Willy Iturri, Fito, Fabi, Pablo Guyot, Alfredo Toth, Melingo y El Gonzo, quise estar ahí desde el vamos y tuve la suerte de conseguirlo. Charly tiene con qué, transgrede las leyes sociales como ningún otro ciudadano libre. Hasta policías y jueces suelen pedirle autógrafos o fotos… puede ser tan refinado como Gershwin o más oscuro que todos los punks y heavys juntos, por momentos… es un artista único en su especie. Obviamente, en el futuro habrá alguna avenida o estación de subte que lleve su nombre, como gran mito popular que es. Y tal vez, su imagen tendrá más peso que la del Gardel de hoy.

¿Cuál fue tu primera impresión al enterarte de estos conciertos temáticos?. Ya sea por las canciones, las épocas que tocan o algún significado que le das vos en particular, ¿Tenés preferencia por alguno de los shows?
Fue una alegría enorme haberme sumado a los alegres The Prostitution. Algo totalmente inesperado, que me saca muchas sonrisas. Estoy aprendiendo un montón, abordando esas canciones maravillosas desde las notas, descubriendo giros armónicos, trucos melódicos característicos y demás. Alejandro Terán y Julián Gándara (viola y cello del grupo, respectivamente) escribieron algunos arreglos divinos y yo me hice las adaptaciones correspondientes para bandoneón y vibráfono. Además está Christine Brebes en violín, que es una genia total y eleva varios escalones la cuestión. Los cuatro seríamos el lado ¨orquestal¨ que convive con la ¨banda de rock¨, muy afiatada. Teníamos bastante perfilados los dos primeros shows y el tercero (¨El ángel vigía¨) iba quedando un poco relegado, con lo que no se toca habitualmente o algo así. Sin embargo, logró su forma con el correr de los ensayos y se transformó en mi favorito. De los tres repertorios, es el más aporteñado, en algún sentido: por algo arranca con ¨Piano Bar¨…

El Sexteto Irreal, ya tiene disco. Contanos como nació aquel proyecto y cómo transitaron el camino que hoy los encuentra con nueva producción.
Apenas regresé de Francia, en 2004, me reencontré con Christian Basso, Axel Krygier y Alejandro Terán, tres grandes amigos de la adolescencia. Ellos ya estaban presentándose junto a Manu Schaller como Cuarteto Irreal. La cosa fue creciendo, me sumé y recuerdo que hasta en un momento fuimos septeto. Ahora somos el único sexteto de cinco integrantes, lo que no es poco. Es un proyecto amistoso-musical absolutamente eventual que adoro y valoro muchísimo. Seguiremos tocando y grabando a través de los años, ya no hay vuelta atrás.

Actualmente además de los shows con Charly, tenés proyectos y realidades como ¨Jogging¨, del Sexteto Irreal, y el album grabado a dúo con Fernando Kabusacki ¨Al limiti del mondo¨, estás también la banda de Rosario Ortega. ¿Crees que derribaste por completo el mito del rockero sin horarios?
Por un lado me entusiasma estar siempre generando o participando de proyectos, pero a la vez soy propenso a la vagancia absoluta. O mejor dicho, al estado de libertad total que te da el vivir minuto a minuto, sin mucho plan, cuando tenés esa suerte: despertarte, desayunar en un café del barrio, leer, ir al cine, pasear con tu novia, tomar trenes o buses a cualquier lado, anotar ideas, visitar gente, compartir, etc. No lo analizo demasiado, pero creo que lo clave de mi actividad está emparentado con el mar: viene una ola y luego la calma, llega otra y cada siete asoma una más grande que te arrastra con todo y varios etcéteras.

Además de los planes de los que ya hablamos, ¿Tenés algo mas? ¿Como viene la agenda?
Habrá que hacer malabares, pero intercalaré los Rexs de Charly con otros buenos condimentos que también quiero disfrutar: desde mi concierto solista (a principios de diciembre) en un teatro de Porto Alegre a continuar grabando mi próximo disco con una orquesta grande, además de hacerme presente en shows de Rosario Ortega, Fernando Kabusacki, Marcelo Ezquiaga, Carlos Cutaia o el propio Sexteto Irreal, entre otros… y mantener los ya tradicionales viajes de aventura por carreteras sudamericanas a bordo de ¨La Idílica¨, mi motocicleta.

Si querés saber mas sobre este gigante de la música nacional, te recomendamos visitar su sitio oficial: www.samalea.com.ar

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